fbpx

Todos somos portuarios

La economía de nuestra ciudad ha estado históricamente vinculada a la actividad que se desarrolla en la Zona Portuaria de Barranquilla (ZPB). Hoy cerca de 400 empresas conforman el ecosistema que presta servicios aduaneros, marítimos, de transporte, manejo de carga y manufactura en zonas francas, parques industriales y terminales fluviales. Son 22 kilómetros que representan una gran dinámica para la ciudad, como resultado de la importación y exportación de bienes terminados, materias primas e insumos que son clave para el desarrollo económico.  El impacto económico y social de esta zona es indiscutible, como quiera que estas empresas aportan el 5.1% del PIB local y generan alrededor de 21.000 empleos.

Adicionalmente, la ZPB genera muchos eslabonamientos económicos, como los generados por muchas empresas que fueron creadas en el departamento con la intención de exportar y para quienes la cercanía al puerto es un factor importante de su competitividad.

Según la OCDE, un millón de toneladas adicionales de carga para una ciudad equivale a 300 puestos de trabajo a corto plazo. Cuanto mayor sea el rendimiento y la movilización de carga, más provisiones, empleos y servicios asociados se generan, aumenta la atracción de empresas e inversiones y se fortalece el comercio exterior.

Por el contrario, la disminución de la carga ocasiona un desbalance. Los bajos niveles de calado que hoy enfrentamos acarrean fletes más altos y otros sobrecostos que le restan competitividad a la ciudad, retrasan la creación de nuevos empleos e incrementan el precio de productos y alimentos que consumimos en Barranquilla y en el interior del país. Así, la economía encalla.

Hoy, el canal de acceso a la ZPB no alcanza los niveles de operación adecuados. Aunque son positivas las perspectivas que existen por la llegada de la draga Bartolomeu Dias y los anuncios de garantizar un dragado suficiente para profundizar y estabilizar el canal, resulta imperativo asumir de manera urgente y de forma articulada las soluciones permanentes y efectivas que aseguren la estabilidad de nuestra ZPB y nos permitan desarrollar todo nuestro potencial.  

La meta de todos es llegar a buen puerto. Y para esto es necesario gestionar las inversiones requeridas en la infraestructura hidráulica complementaria como son la reparación y el mantenimiento de los tajamares, la extensión del dique interior de contracción, la protección de la orilla del río en el kilometro 12 a 14 y la recuperación y el mantenimiento del dique direccional, que nos proporcionen las condiciones adecuadas para atender buques con mayor calado. También es fundamental la actualización del Plan Maestro Portuario con participación de ASOPORTUARIA, las empresas líderes en comercio internacional y logística, y expertos locales. Así, podremos duplicar el volumen de carga en el mediano plazo.

Posicionarnos como una de las mejores zonas multipropósito de transporte marítimo y fluvial en la Gran Cuenca del Caribe debe ser un objetivo común en la bitácora de todos. Nuestro desarrollo socioeconómico está profundamente vinculado a esa privilegiada conexión con el río y el mar. Por ello, en el Atlántico todos somos portuarios.